sábado, 1 de marzo de 2025

Reportaje kristallmaraton

 

Una maratón a 500 metros de profundidad en la mina donde Hitler ocultó el oro y las obras de arte robadas

Los corredores completaron trece veces un circuito de 3.25 kilómetros bajo tierra.

En Alemania se celebró un maratón a 500 metros de profundidad./Cedida
En Alemania se celebró un maratón a 500 metros de profundidad. Cedida
Íñigo Corral

Íñigo Corral

Krayenberggemeinde es un municipio alemán de alrededor de 5.000 habitantes situado en Turungia, una región que después de la II Guerra Mundial formó parte de la República Democrática de Alemania. Desde hace 17 años, muy cerca de allí, se celebra en pleno invierno el Kristallmarathon (maratón de cristal). En esta última edición, la temperatura en la zona era de cinco grados bajo cero. Eso no iba a suponer un contratiempo para cualquier maratoniano que se precie. Un par de guantes, una camiseta térmica y a los dos kilómetros de la salida, la temperatura corporal ya está adaptada a la climatología. Pero la carrera no era urbana. Discurría por las entrañas de una mina de sal situada a 500 metros de profundidad, y que aún sigue en activo, donde el corredor descubre un circuito de 3.25 kilómetros que tiene que completar trece veces para sumar 42.195 metros.

A lo mejor, más de uno hubiera rechazado como regalo de cumpleaños los 90 euros que costaba la inscripción de la carrera, más el dinero por los gastos del viaje ante un plan tan poco atrayente como correr una maratón bajo tierra atravesando las galerías en una mina con un intenso olor parecido a cuando se enciende una cerilla. En Toledo había alguien dispuesto a aceptarlo con sumo gusto. Era Alberto Teijeiro, al que en el mundo runner todos conocen como Capi. El pasado 17 de diciembre había cumplido 52 años y su pareja, Susana, no sabía muy bien qué regalarle. Es más, llevaba varios días dándole vueltas al tema. Por esas cosas de la vida, a finales de año, el móvil de Capi le alertó de la recepción de un whatsapp de alguien que conocía hace tiempo. Era de un buen amigo que le pedía que le acompañara en su loca aventura. "Se lo comenté a mi pareja y le pareció guay", afirma. La organización del viaje fue coser y cantar. En menos de una hora ya había conseguido el dorsal, la reserva de hotel y los billetes de avión.

El sábado 15 de febrero Capi salió de su casa sobre las 10:00 horas. Se despidió de Susana de forma cariñosa y a continuación se montó en el autobús rumbo a Madrid. Iba con tiempo suficiente para ahorrarse el dinero de un taxi, así que, al llegar a la capital, cogió el metro que le iba a llevar al aeropuerto Adolfo Suárez. El vuelo a Frankfurt salió puntual, poco después de las tres de tarde. Dos horas después, ya pisaba suelo alemán. Lo primero que hizo al salir del avión fue alquilar un coche. Había prisa por llegar hasta Hünfeld, una localidad situada a hora y media del aeropuerto, donde tenía reservado su hotel. Una vez allí, antes de picar algo ligero y de meterse en la cama, puso el despertador a las seis de la mañana para asegurarse de que iba a llegar a tiempo a la mina. El cansancio de tantas horas de viaje no era nada comparado con lo que le esperaba al día siguiente.

Capi, tras el maratón. Cedida
Capi, tras el maratón. Cedida

A primera hora del domingo, después de otros 40 minutos en coche, llegó hasta las inmediaciones de la famosa mina. Durante la II Guerra Mundial los nazis aprovecharon para ocultar en su interior el oro y el dinero procedente de los bancos centrales de los países invadidos y las obras de arte que habían robado por todo Europa. El 3 de febrero de 1945, el presidente del Reichsbank y ministro de Economía, Walther Funk, alertó a Hitler del peligro que corría el edificio por los constantes bombardeos de los aliados. Ambos quedaron en llevar todos esos tesoros a un lugar más seguro. El sitio elegido fue la antigua mina de Kaiseroda. Su sólida construcción garantizaba que las bombas que lanzaban la Royal Air Force (RAF) no dañaran todo lo expoliado. Solo 48 horas después de que el 4 de abril de 1945 la 90 División de Infantería del Ejército de Estados Unidos tomara Merkers, un oficial tuvo conocimiento de la existencia de la mina. En su interior descubrieron más de 40 kilómetros de galerías. Solo en la entrada principal ya había un ingente número de bolsas con grandes sumas de dinero en reichsmarks (la moneda que al término de la contienda fue sustituida por el marco) y francos franceses. El oro estaba en el interior de una bóveda. En total, unas 250 toneladas a las que hay que sumar otras 400 en obras de artes.

A Capi no le dio tiempo a pensar en todas aquellas historias de nazis y tesoros. En esos momentos solo podía centrarse en lo que le iba a deparar el interior de la mina. Estaba un tanto nervioso, una sensación algo extraña en alguien que ya llevaba 167 maratones en sus piernas. Se tranquilizó cuando poco antes de las 9:00 horas le entregaron su dorsal en una sala del complejo minero. Iba a llevar el 235, que inmediatamente después se colgó con imperdibles a la camiseta blanca que llevaba para la ocasión con la leyenda: "Toledo, Ciudad Europea del Deporte 2025". De esa primera sala, después de bajar unas escaleras, llegó a las puertas de un ascensor "que iba a toda pastilla". En concreto, a una velocidad de ocho metros por segundo. Es decir, tardó alrededor de un minuto en descender 500 metros. El ascensor tenía tres cabinas y de cada una de ellas salía una pasarela que terminaba en una puerta blanca que daba acceso a una nueva sala. "Era tipo de esas compuertas que hay en los submarinos", añade. Al cerrar la puerta, como dice Capi, "sentimos que nos habíamos quedado encapsulados".

Diez minutos de espera, y la enorme puerta blanca se le abrió de par en par. Por fin veía las entrañas de la mina y parte del entramado de las galerías. La organización, entonces, dividió a los cerca de mil atletas en varios grupos que eran trasladados al búnker a bordo de camiones descapotables, los mismos que se utilizan para transportar la sal al exterior de la mina, donde estaba situada la salida y la meta. No todos iban a hacer los 42.195 metros. 700 participantes habían optado por la media maratón. Fue un viaje de unos quince minutos a través de galerías que superaban por poco los dos metros de altura. Al llegar al búnker se topó de bruces con otra enorme sala donde a veces se celebran conciertos. "Hasta donde yo sé, allí solo estábamos dos españoles porque no oí a nadie más hablar en castellano", espeta. La organización, repleta de jóvenes voluntarios, siempre estaba pendiente de cualquier cosa que necesitaran los atletas. "Es que te puedes perder y no te encuentran", dice riéndose.

Parte del recorrido. Cedida
Parte del recorrido. Cedida

Solo le quedaba calentar un poco las piernas antes de correr por el interior de una mina cuya existencia había conocido hace tan solo dos meses. A las diez en punto se dio la salida a la prueba. Parece difícil de creer, pero las galerías estaban repletas de gente animando con palmas, carracas, y hasta con luces y música de discoteca. Ante sí tenía el reto de afrontar una prueba muy exigente con un desnivel de casi 700 metros "que es como hacer una carrera de montaña en el interior de una montaña". La organización solo puso un par de exigencias a los participantes: llevar un frontal para tener más visibilidad durante el recorrido y un casco. "Nos aconsejaron que lleváramos uno de bicicleta porque tenía mucha más ventilación que uno de obra", recuerda Capi.

Las galerías tenían parte de suelo asfaltado, otra de tierra y un tramo, "que resulta algo resbaladizo", que es de sal potásica compacta que se prensa hasta convertirse en cristal. A los corredores no les pareció un recorrido asfixiante ni claustrofóbico gracias a los seis metros de anchura y a la altura de las galerías. Al poco de salir Capi notó algo de polvillo cada vez que respiraba, nada raro dentro de una mina. La falta de ventilación era evidente, aunque en algunas zonas, "y no me preguntes por qué", sí que se notaba que corría aire. Dentro de la mina no hacía tanto frío como en el exterior. De hecho, la prueba se disputó con una temperatura de 19 grados centígrados. "Al final, con tanto calor, la gente se empezó a deshidratar y eso les provocó que tuvieran calambres en sus piernas". A Capi también le ocurrió a pesar de que se avitualló bien en los dos puntos que había a lo largo de circuito a base agua, bebidas refrescantes y algún que otro plátano.

El ritmo de carrera le hacía rondar los 18 minutos durante las seis primeras vueltas, esto es, marchaba a más de 10 e incluso 11 km/hora. "Había muchos repechos cortos y exigentes, pero, a diferencia de correr en montaña, allí las piernas se me iban cargando y tenía los cuádriceps machacados". Podía ver sus tiempos a cada paso por línea de meta en una pantalla gigante donde aparecía su nombre, país de origen, posición en carrera y las vueltas que llevaba. Apenas había un metro seguido de terreno plano. Todo eran subidas y bajadas "bastante caprichosas que supongo se hicieron en función de dónde iban hallando las vetas de sal". En la séptima vuelta ya se fue a los 19 minutos, y a partir de la octava empezó a disminuir su ritmo hasta completar los últimos 3,5 kilómetros en casi 23 minutos. Su tiempo en línea de meta fue 4:14:59, lo que le supuso la sexta plaza para corredores de más de 50 años, y la 49º de un total de 300 participantes. "Me fui de tiempo más de lo que tenía planeado", reconoce. Y es que Capi suele acabar una maratón en 3:15:00 "siempre dependiendo un poco de cómo sea el recorrido".

El toledano lleva años haciendo carreras largas por asfalto, por montaña y "ultras", o sea, competiciones con recorridos de más de cien kilómetros. Es obvio que disfruta corriendo, aunque a veces mezcla su hobby con alguna causa solidaria. Hubo un momento especial en su vida cuando a su hermana María Teresa le diagnosticaron un cáncer de mama. Su manera de apoyarla fue planteándose un reto. Por cada una de las 17 sesiones de quimioterapia que le iban a dar los viernes, ese fin de semana iba a participar en una maratón. Daba igual dónde. ¿Y qué tal está María Teresa ahora? "Gracias a Dios muy bien. No sé si eso ayudó, lo único que puedo decir es que ahora está ella perfectamente y olvidándose un poco de todo aquello si bien cada cierto tiempo tiene que ir a hacerse revisiones".

Al cruzar la meta lo primero que le vino a la cabeza fue: "mi 168 [maratón] ha caído". Luego vinieron las felicitaciones que se dieron entre todos los atletas que se habían pegado semejante palizón y las fotos para recordar la hazaña. Tocaba ya salir al exterior para ver de nuevo la luz del día. Después de que la organización tachara su nombre de una lista de participantes para certificar que había terminado la maratón, emprendió el mismo recorrido que hizo para acceder al interior de la mina, solo que a la inversa. Caminó hasta los camiones por las galerías muy pegado a la pared porque todavía había muchos participantes corriendo para después atravesar la sala que se abría y cerraba mediante compuertas. Tras el paseo en camión, solo le quedaba volver a montarse en el supersónico ascensor. Ya en el exterior tomó un par de bocanadas de aire fresco antes de llamar a Susana para agradecerle de nuevo el regalo y comentarle que todo había ido bien. La conversación no fue muy larga. Solo tenía dos horas para llegar al aeropuerto de Frankfurt. Si no lo conseguía, esa noche no iba a dormir en Toledo.

sábado, 22 de febrero de 2025

Carrera de montaña Reino de Patones

 La invitación a esta carrera por parte de Josete, El Alpi de Useras, nos hace ir a esta carrera nueva para nosotros.

  Por la mañana recogemos Susana y yo a Josete en Parla y de allí derechos a Patones. Después de un viaje súper provechoso, llegamos a Patones como unos 45 minutos antes de la salida.

  Recogemos los dorsales y dejamos a Josete centrado en su labor de speaker y nosotros nos vamos a desayunar a un bar cercano. 

  A las 10 menos diez, estamos en la salida. Unas fotos y en nada está el Alpi gritando por el micro la cuenta atrás. 




  A en punto se da la salida. Comienza la carrera. Toca subir para arriba. Siempre es así. Casi siempre, por no decir siempre, se comienza subiendo. 



   El paso por Patones de arriba es súper chulo. Un pueblo de que a su paso te traslada a la antigüedad. 



 Los paisajes son increíbles. Su terreno disfrutón. Bastante agua por todo el recorrido lo hace más agradable todavía. 

  Alguna bajada técnica hace las delicias de los más aventureros, jejeje. Nosotros nos empapamos de todo esto. 







  En un momento dado, después de una bajada, Susana se para a apretarse un poco más las zapatillas. Yo aprovecho para sacar sales. Esto hace que nos pasemos el desvío que nos marcan las banderitas y continuemos bajando por un camino empedrado. Hasta que me paro y le digo a Susana que no vamos bien. 

  Hemos bajazo unos 500 metros que tenemos que hacer, ahora de subida para encontrar de nuevo el camino a seguir. 

  Que rabia. Habíamos adelantado a varias mujeres y creemos que por este error, ya se nos han escapado. 

  Bueno, no hay que lamentarse y si seguir dándolo todo y disfrutando de está maravillosa zona. 



  Comenzamos la subida al Ancho de la cabeza. Allí nos espera el vértice geodésico. Antes hay que superar una exigente subida y un cortafuegos desde donde se ve el precioso e impresionante pantano de Atazar. 

 Es impresionante el azul que tiene y lo grande que es. Me adelanto un poco para sacar a Susana en pleno esfuerzo con el pantano de fondo. 

  Ya en el vértice, ni nos paramos a hacer la foto de rigor. Como la tenemos de otro año, decidimos comenzar la bajada a fuego. 

  Alli una excursión de mujeres y hombres mayores, me invitan a quedarme con ellos a almorzar, jajaja. Pero hoy no puede ser.

  Estamos en el km 12 más o menos. Nos quedan unos 6 km. Ahora nos toca disfrutar a nosotros la bajada. Y así adelantamos a varias chicas y un par de chicos que van con algún amago de calambre. 

    Kilómetros de auténtico disfrute que nos llevan de nuevo a Patones de arriba. Que bonito es este pueblo visto desde la lejanía.




   El último kilómetro le hacemos bastante bien y a buen ritmo. Todavía nos dan las patas para adelantar a otros corredores. 

  Ya se escucha a Josete de fondo. Estamos cerquita ya. 


  Encaramos la recta de meta y allí tenemos a nuestro amigo anunciando nuestra estrada en meta. Menudo crack.  Choque de manos y parar el crono. Muy buena carrera. Súper chula y amena. 



  Unas palabras con el Alpi y derechos a por el bocatita de panceta y chorizo que nos tienen preparados. 




  Joder, como entra. Menuda delicia tomárselo calentito y más si estás con hambre, jajajaja. 

  Me voy a ver la clasificación y veo que Susana ha quedado primera de su categoría. Que alegrón. Después de hacerle una pequeña bromilla, se lo comunico. Ale, otro podium para la señora. 

  Me voy al coche a por algo de abrigo y a esperar la entrega de trofeos. 

  Entrega animadisima, como no podía ser de otra manera con el speaker que tenemos hoy, jajaja. 



  Le toca el turno a Susana. A lo más alto del cajón. Yujuuuu, que bien estas en esa altura. Me alegro mogollón. 

   Pues nada, con el merecido trofeo, nos vamos a cambiar y ya rematamos la mañana degustando un par de tartas que han hecho los panaderos y de ahí, emprendemos el viaje de regreso, que volverá a ser muy animado, comentando cosas de la carrera y muchas otras anécdotas. 

  Nos despedimos de Josete, ya en Parla, y Susana y yo nos volvemos a Toledo. 

  Muy muy buena mañana, donde lo hemos disfrutado y pasado genial. Muy recomendable la carrera y aún más el post, jejejeje. 

  Volveremos, sin duda. 

  Capi























  

  

domingo, 16 de febrero de 2025

Kristallmaraton

   Kristallmaraton.     



   Un día cualquiera. Una tarde tranquila. Una película interesante. Un sofá comodísimo. Un plan perfecto. Todo bien hasta que....... Plin, Plin, Plin. Un tal Cheve pone en el grupo de WhatsApp de los Forofos del Running, un mensaje que me llama la atención. 

  El Kristallmaraton. O también llamado, maraton de Cristal. "¿Que cojones es eso?" , me pregunto.  Sigo leyendo y cada vez me voy poniendo más nervioso. 

  Un maraton en una mina, en Alemania. Me quedo súper intrigado e investigo un poco de que va este evento. 

  Madre mía, que chulada. Además es algo súper diferente y hasta tiene un punto de aventura. 

  Levanto los ojos y le pregunto a Susana, :¿me preguntabas que quería para mi cumpleaños, no?. Pues ya se lo quiero. El Kristallmaraton, jajajaja. 

  Si dudarlo me dice que que guay y que adelante. Ese va a ser mi regalo de cumpleaños. 

  Así, hablo con Cheve y le digo que le acompaño, pero que él, que ya lo tiene todo más o menos hilado, se tiene que ocupar de todo. En cinco minutos tenía los billetes de avión, el hotel, un coche de alquiler y la inscripción del maratón hecha. 

  En cinco minutos, lo que puede cambiar la cosa, je je je. Yo creo que lo hizo tan rápido por si me echaba atrás y le dejaba solo, jajaja. 

  El caso es que en Febrero nos íbamos los dos en viaje exprés a Alemania a correr un maratón único, diferente y con cierta incertidumbre de algo totalmente desconocido. 

  Hasta llegar al fin de semana del viaje, he intentado ver algún video, o fotos o algún reportaje del maratón, y la verdad que no hay mucho, aunque alguna idea de como es todo si que he encontrado. 

   Sábado 15 de Febrero de 2025.  10 de la mañana. Comienza la aventura. Me despido de Susana hasta mañana. Me cuesta ir sin ella por que se que la iba a encantar, pero en esta ocasión se dan así las cosas. 

  Con una pequeña mochila, donde tiene que haber, si o si, un casco y un frontal, cojo el autobús que me llevará a Madrid. Luego el metro hasta la T2 del aeropuerto, desde donde sale nuestro vuelo. 

  Allí espero a Cheve mientras me como un bocata y me tomo un café para los nervios, jejejeje. 

  Y allí aparece el tío Cheve. Aquí estamos los dos sentados en la puerta de embarque, sin saber muy bien como se va a dar este viaje y sobre todo el maratón. Este no es un maratón al uso y vamos con un poco de incertidumbre. Algo que mola mucho ja ja ja. 

  Bueno pues sentados, organizamos un poco el plan del viaje. Al ser un viaje tan rápido los tiempos están muy ajustados. Sobre todo a la vuelta. Hay que tardar como máximo 4 horas en el Maratón, 1 horita como máximo para salir de la mina y dos horas de regreso al aeropuerto de Frankfurt. 

  Esperemos no perder el avión, ja ja ja. Esto si que es una aventura en toda regla. 



  Pues nada, se abre el embarque y allí nos vamos. Destino Frankfurt. Ahora si que no hay vuelta atrás. Esto ha comenzado. 

   En poco más de dos horas, estamos aterrizando en Alemania. Ciudad de Frankfurt. El aeropuerto internacional. 

  Nos vamos al mostrador de Avis a recoger el coche que hemos alquilado. Menos mal que mi compi habla un perfecto Ingles, si no, no se que sería de mi. 

  Venga vamos a por el Toyota Yaris híbrido. "ostras, si es automático". Dice Cheve. Pues nada, unas maniobras por el parking y ya lo tiene controlado. 

  Y así, como dos novatos por el mundo, nos vamos hacia el hotel. Menos mal que tenemos el Google maps. Menuda maravilla es esta aplicación. 

  Bueno, pues una hora y media de viaje para nuestro alojamiento. Cheve va disfrutando de lo lindo por las autovías sin límite de velocidad. Le va a sacar las bielas al Yaris. Me dice que es un poco inestable. Que a 160 se mueve un poco, ja ja ja. 

  Nos dirigimos a Hünfeld. Al Best Western plus konrad Zuse Hotel. Una hora y media de viaje donde somos un equipo. El piloto dándolo todo y el copiloto dando todas las indicaciones precisas. Y este equipo funciona a la perfección. Ni Carlos Saiz y Luís Moya lo hubieran hecho mejor, seguro. 

  El caso es que a eso de las ocho de la noche, estamos entrando en la habitación del hotel. Todo según los planes previstos. Va bien la cosa. Decidimos a última hora no entretenernos y comprar algo en un supermercado y cenar en la habitación. 

  Así lo hacemos y en nada estamos ya diciéndonos hasta mañana. Es pronto, pero nos va a venir bien dormir las horas necesarias, que mañana nos van a hacer falta. 

  Una llamada a Susana para rematar el día y contarla un poco los planes de mañana. Ahora si, se apagan las luces y ponemos silencio radio, ja ja ja. 

  He tardado un poco en dormirme, pero luego me quedé frito hasta que sonó la alarma de Cheve a las 5:30'. Yo aguanto un poco más en la cama y me levanto a las 6:00.

  Nos ponemos para la ocasión y como el equipaje es ligero, tardamos cero coma en estar preparados para partir hacia la Merkers Adventure Mines. En la región de Turincia. En Krayenberggemeinde. 

  Unos 40 minutos de viaje donde la temperatura llega a los - 5 ºc, y donde está todo nevado a nuestro alrededor. Menuda rasca hace. Pero eso hoy no nos importa. Es la única carrera que nos va a dar igual el tiempo que haga, jajajaja. 

  Pues nada, mientras admiramos el paisaje y disfrutamos del viaje bajo las indicaciones del Google maps, seguimos alucinando de esta gran aventura. 

  El corazón palpita. Ya estamos aparcando en los aparcamientos de la mina. Algunos corredores ya están yendo a por el dorsal. 

  Nosotros tardamos un poco más por que tenemos que averiguar como sacar la llave del contacto. Tenemos que buscar en YouTube para ver como coño sacamos la llave del contacto. Ahhh, es que tiene truco, jejejeje. Por fin lo averiguamos. Ayer en el hotel nos pasó lo mismo, pero tuvo que hacer el truco  sin querer después de jinchar la llave un buen rato, por que conseguimos sacarla.




  Con la mochila al hombro, nos vamos hacia la entrada de la mina. Hemos llegado pronto, así que no hay mucha gente todavía. Eso nos da un plus de calma y serenidad.



  Algunas vitrinas con minerales y recuerdos, nos adelantan y nos dicen un poco donde estamos.  



  Estamos en una mina de sal potásica. El complejo de la mina de sal Kaiseroda cerca de Merkers almacenó más de 400 millones de Reichsmark en oro nazi,​ miles de cajas de obras de arte que habían sido transferidos de los museos estatales de Berlín para su custodia,​ y muchas obras de arte robadas.

El 4 de abril de 1945, la 90 división de Infantería del Ejército de los Estados Unidos capturó la ciudad de Merkers. Dos días después, algunos policías militares se encontraron con dos mujeres locales a las que escoltaron hasta la ciudad. Los ciudadanos comentaron sobre el uso de la mina al pasar por ella, y la historia pronto se confirmó. Una entrada a la mina ya estaba vigilada, pero había cuatro más, todas las cuales tenían orden de vigilancia. En el interior, los funcionarios estadounidenses encontraron 30 millas de galerías y bolsas que contenían casi 500 millones de Reichsmarks en la entrada principal. El oro estaba protegido por una bóveda, que finalmente fue volada. Dentro había una habitación de 75 x 150 pies que contenía 7.000 bolsas numeradas de lingotes de oro y monedas, 250 toneladas en total. La bóveda almacenaba divisas de toda Europa, incluidos 2.700 millones de Reichmark y 98 millones de francos franceses. En otras áreas había 400 toneladas de obras de arte y cientos de toneladas de patentes y otros registros, municiones, fondos de bibliotecas (2 millones de libros) y valijas que contenían los objetos de valor confiscados de las víctimas del Tercer Reich. El 16 de abril, Estados Unidos comenzó a trasladar el oro y monedas a un Reichsbank en Frankfurt, con un convoy de 30 camiones de diez toneladas sobrecargados bajo una fuerte protección, incluido el apoyo aéreo. Este procedimiento se repitió para las obras de arte.

   Menuda historia tiene la mina. A ver si encontramos algún lingotillo de oro extraviado por ahí, je je je.

  Recogemos los dorsales en una sala de la mina, sin ningún tipo de problemas. 


   Bueno al lío. ya esta comenzando a bajar la gente. Así que, ya con el casco puesto, que por cierto, aconsejaban casco de bici o similar por tener buena ventilación para el sudor, nos hacen pasar a un ascensor oscuro, tenebroso y nada confortable. Allí vamos pasando hasta quedar bastante juntos y apretados. Todo esto habiendo pasado anteriormente un exhaustivo control de dorsales, para saber en todo momento quien está en la superficie y quien sigue está dentro de la mina.



  He podido hacer un video para recordarlo siempre. El que tenga claustrofobia que no venga. Lo va a pasar muy mal. Le mando el video a Susana y me despido de ella. A partir de aquí estamos solos. Nosotros contra la mina. 

  Cierran la puerta y la reja metálica haciendo un chirríante sonido que nos hace sentir encerrados. Nos miramos unos a otros. Los Alemanes no hablan mucho y me miran incrédulos cuando suelto alguna de las mías. Que poco sentido del humor tiene esta gente. 



   El ascensor comienza a descender y da la sensación de hacerlo muy rápido. Tan rápido como a 8 metros por segundo. No voy a echar la cuenta, pero en menos de un minuto, estamos a más de 500 metros bajo tierra o a más de 190 metros bajo el nivel del mar. El frenazo del ascensor es como una atracción de feria. Un hidráulico que amortigua la caída y que es donde te das cuenta que íbamos muy rápido. 

  Ufff, que experiencia. Empieza bien la mañana. Nos abren la jaula con ese ruido metálico estridente y nos hacen salir. Los trabajadores de la mina dan indicaciones  y comentan cosas. Nosotros ni papa, así que a seguir al resto y listo. 

   Salimos del ascensor y nos damos cuenta que es triple, o sea, tres jaulas. Una encima de otra. Aquí se ve perfectamente, por que hay tres plataformas para salir y todas dan a la misma escalera de bajada al, ahora sí, suelo de la mina. 



 Estamos en las entrañas de la mina. Ya nos podemos hacer una idea de como va a ser. Pero todavía queda protocolo que seguir. 

  Esperamos que nos abran una puerta de contención blanca. Como si estuviéramos en un submarino. La abren y su sonido es el característico de las películas. Pasamos a una sala donde nos cierran la dicha puerta. Estamos encerrados. Una puerta delante y otra detrás. Rodeados de paredes de cristales de sal. 

  Menos mal que hay dos trabajadores, que son los que nos van guiando e indicando en todo momento, con nosotros en este espacio confinado, si no, ya pensaríamos cosas raras. Y es que hemos visto muchas películas, ja ja ja. 

  Pasados unos minutos, abren la puerta de salida. La que da a la mina. Salimos lo antes posible   con el culo apretado, por si vuelven a cerrar, je je je. 

   Ahora si que os digo que el que tenga un poco de miedo, respeto o no le gusten los sitios cerrados y menos bajo tierra, lo pasaría muy mal. Y si piensas en cosas que podrían pasar, ya puedes salir corriendo de allí. Pero que esto tampoco es facil, je je je. 

  Ahora si que estamos en las grutas de la mina. Unos camionetos nos están esperando para, llevarnos hacia la salida. 

  Lo tienen todo detallado, y en las camionetas entran los estipulados. Ni uno más, pero tampoco ni uno menos. El mismo número de gente que lleva la camioneta, es la que cabe en el ascensor, o viceversa. 




  Nos montamos, y una vez hecho el recuento, salimos como si de una carrera de tratase. Que zisco lleva la camioneta. Esto hay que inmortalizarlo, así que a grabarlo un poco. Que experiencias nos estamos llevando. 



  Unos diez minutos pegando botes y descubriendo un mundo nuevo bajo la tierra. Aquí también hay actividad. Casi igual o más que en la superficie. Menudas galerías tiene la mina. Todos intentamos no perder ni un detalle. Esto está siendo espectacular, y eso que todavía no hemos empezado el evento, como aquel que dice. 
  Paran las camionetas y nos abren la puerta de seguridad trasera. Nos bajamos de ella y ya notamos el cambio de temperatura. Es bastante agradable. 


  Nos dirigen hacia lo que denominan "el Bunker". Increíble. Te deja sin palabras. Que pasada de sitio. Es gigantesco. Allí lo primero que vemos son unas vitrinas con algunos cristales que se extraen de aquí, a modo de esposicion. 



  Pero lo que te deja perplejo, es la excavadora de rueda de cangilones, que preside del bunker. La más grande del mundo, bajo tierra. Es gigantesca, y aun así, se queda pequeña en este enorme espacio. 
  Nos dirigimos a la zona de sillas, donde nos vamos acoplando para luego cambiarnos y dejar las cosas a modo de ropero. 



   Alli, nos sentamos y observamos todo lo que nos rodea mientras comentamos un poco nuestras sensaciones y nos decimos: "menuda aventura'.  La verdad es que esto es para vivirlo. Aunque sea de acompañante, como hace mucha gente que viene con los corredores. 


  Ahora toca desaguar. Aprovechamos para ir al. Servicio, ahora que hay poca gente ya que hemos sido de los primeros en bajar a las profundidades. 


  También aprovechamos para hacer fotos a diestro y siniestro. Alguna con nosotros de fondo para inmortalizar el momento. 









  Nos acercamos hasta el avituallamiento para ver lo que dan. Agua, Cola, platano, manzana, galletitas y un sándwich con algo untado que no creo que pruebe, ja ja ja. 





  Sigue bajando gente. Corredores y acompañantes. Aquí nos vamos a juntar más de mil corredores. Ya solo en el maratón seremos 300 y pico, y de la media más de 700. Más acompañantes, organizadores y trabajadores, aquí hay muuuucha gente. Y todavía parece enorme esto. Es flipante. 
  Unas fotillos en diferentes ángulos y distintos fondos del bunker son imprescindibles. También nos tomamos un cafetito en una especie de barra que tienen montada allí. 


  Cheve, me hace una foto con la bandera de Toledo y con la camiseta para la ocasión. Ni más ni menos que festejando y dando a conocer, que Toledo es Ciudad Europea del deporte 2025. Con la escavadora detrás mío. 
  

    Pues nada, se va acercando la hora. Esto comienza a las 10:00. Nos deleitan con un juego de luces y sonido que impresiona. Que chulada. Todo el mundo está disfrutando del momento. Esto te hace olvidar que te vas a meter casi 43 km entre pecho y espalda, por las galerías de una mina de cristales de sal, a más de 500 metros bajo tierra. 

  

  Bueno, esto está a punto de comenzar. Terminamos de acoplarnos el frontal y el casco, y nos terminamos de acicalar. 




  Ya no queda nada. Nos vamos hacia la salida. Ya están muchos corredores colocados. Nosotros nos vamos hacia el final del pelotón sin perder detalle de todo lo que pasa. 

  Suena la música y todos al unísono aplaudimos con las manos en alto. El sonido dentro del bunker es único y especial. 


  Tras este ratito tan ameno pre salida, comienza una cuenta atrás. En alemán comienza la cuenta regresiva. Cheve la va siguiendo en voz alta. Hasta que se da la salida a esta 17 edición del Kristallmaraton. 

  Todas estas letras que os he puesto hasta ahora, han sido vivencias y experiencias que rodean a lo que hemos venido a hacer. Correr el maratón. Pero al final es lo que nos vamos a llevar y por lo que también hemos venido. Todo lo que rodea la prueba es casi más importante y más alucinante que el propio maratón. Esto está superando todas nuestras espectativas. Es todo tan increíble, diferente y distinto a todo lo que hemos hecho en cualquier otro maraton y situación, que ya ha merecido la pena el viaje exprés. 

  Comenzamos a correr. Más de mil atletas entre las dos distancias, comenzamos a pisotear el suelo de la mina. 13 vueltas por delante es nuestro menú, rodeados de alemanes en la mayor parte, algún italiano, ingléses y dos españoles que están disfrutando de lo lindo. 



  Comenzamos a explorar la mina alemana. Con los frontales encendidos y los cascos obligatorios puestos, nos adentramos en las entrañas de las galerías subterráneas. 

  Esto es un pasote. Menudo lugar para hacer un maratón, ja ja ja. Al poco de salir, ya nos damos cuenta que esto no va a ser coser y cantar. Un cuestón nos hace comprender a la fuerza, que vamos a tener que ganarnos la medalla. El perfil de la carrera lo dice todo. Este es el de cada vuelta. 


  Muchos ya suben andando. ¡Pues empezamos bien esta primera vuelta! . He de deciros que cada vuelta son 3.300 metros. Y que el desnivel positivo de la carrera es de algo más de 700 metros. Y por lo que estamos empezándo a ver, van a ser repechos cortos pero duros, que a cada vuelta se harán cada vez más difíciles de superar. 

  Hacemos un pequeño video de como son las primeras subidas, je je je. 


  Uff, la verdad es que no me lo esperaba así. Pensaba que las galerías de las minas eran planas, pero esta en cuestión, va ser que no.
   Primera vuelta de reconocimiento donde vamos muy juntos todos. A ritmo cómodo. No sabemos realmente a lo que vamos, ni lo que llevamos por que, como podéis imaginar, aquí no funciona el GPS. Supongo que lo que nos marca será por el podómetro del reloj. Aunque no es muy fiable, nos podemos hacer una idea. 


   Que flipe de sitio. Aquí te pierdes a la mínima. Menos mal que tenemos a los empleados y voluntarios por todo el recorrido. Además están cortadas con cintas las galerías por las que no tenemos que ir. 
  Algo de polvo si que hay en el ambiente. Cheve me lo comenta y es verdad. No hay mucho, pero si que se nota. 
  Otra cosa que teníamos la incógnita, era el tema del aire y la respiración. Pero la verdad es que no se nota nada raro, ni falta de aire. Además, cuando llegas a ciertas galerías, hay como corrientes de aire que te da un poco de frescor. 
  Tenemos giros, bucles, vueltas de 360º, cruces con los demás corredores. Un recorrido bastante ameno, pero que yo particularmente no me aprendí hasta la 5ª o 6ª vuelta. Es un poco jaleo, por que aquí como no ves nada, no sabes tu situación de carrera. Pero bueno, al final ya te quedas con los giros, los repechos y las bajadas. 
  En mitad de cada vuelta tenemos otro avituallamiento con Cola, agua y fruta. Yo estoy bebiendo desde el principio. También he decidido comer plátano. Estoy sudando bastante y no quiero deshidratarme y que tarde o temprano me den calambres. 
  Terminamos la primera vuelta. El crono nos dice el tiempo que llevamos. Pasamos por el control de chip y en una pantalla gigante salen nuestros datos. La bandera del país, el nombre, el tiempo que llevas, posición y lo más importante, las vueltas que llevas, jejeje. 
  Pasamos por la zona de sillas, en el bunker y Cheve me dice que se va a parar para ir al servicio. Pues nada, se desvía hacia ellos y yo continúo con la macheta. Vamos a por la segunda vuelta. 
  Al salir del bunker, tenemos el avituallamiento. Sigo bebiendo las dos cosas y comiendo plátano. 
  A partir de aquí, hasta meta voy a ir solo. Mi compi viene detrás y es mejor ir cada uno a su ritmo por que esto va a ser duro, con los continuos sube y baja. 
  Seguimos salvando los repechos. Pero la parte un poco más complicada es una zona de bajada bastante fuerte, donde la sal está cristalizada y parece una pista de patinaje. Hay que ir con cuidado y controlando aunque tengas que ir tirando de cuádripces más de la cuenta.


  Después de una buena y larga bajada, tenemos un giro  a la derecha para hacer una galería de ida y de vuelta. Aquí nos vamos cruzando unos con otros. El tramo de ida es en subida bastante exigente, para girar en redondo y volver ahora en bajada por la misma galería, que está dividida en dos por cintas. Esta última bajada es la que nos da acceso al bunker y donde terminamos cada vuelta. 
  Aquí, me cruzo con Cheve y nos saludamos. Nos llevaremos algo más de un minuto más o menos. Supongo que luego me pillará. 
  En la tercera vuelta y pasado un kilómetro más o menos de la salida, hay unos servicios, supongo que de los trabajadores. Allí me paro para soltar lastre. 
  Ahora si que voy cómodo, por Dios. Que mal se corre meándote. Y claro, aquí no te puedes orillar a mear, ja ja ja. 
  Por todo el recorrido hay gente animando. Con carracas, con las palmas e incluso con música y luces de discoteca que lo hacen más animado todavía. 
 Y así voy pasanso las vueltas. Casi siempre adelantando a gente. Muchos de la media siguen aquí dando caña. Algunos van a llegar más tarde que yo en el maratón. Y es que los que no estén acostumbrados a cuestas, tienen que andar en casi todas. 
  Paso por mi séptima vuelta. Ya me queda menos de la mitad. Llevo algo más de dos horas. Las piernas ya van cansaditas. Pero estoy disfrutando de lo lindo. 
  Lo que si llevo en la cabeza son los planes que tenemos para la vuelta a España. Tenemos que hacer el maratón en 4 horas como máximo, salir de la mina no más tarde de las tres de la tarde. Volver a Frankfurt a toda pastilla, echar gasolina, devolver el coche y llegar a tiempo al embarque. Pufff, que presión. Lo primero, ya no lo vamos a cumplir. Nos vamos a ir a más de 4 horas, así que habrá que recortar tiempos de otros lados, je je je. 
  Bueno, esto es lo hay y hay que seguir disfrutando de la experiencia tan increíble que estamos viviendo. Cuando terminemos, ya veremos lo que pasa. 
  Pues nada, siguen pasando las vueltas y cada vez somos menos. A Cheve ya no me le cruzo. Debe ir un poco más retrasado que antes. Ahora he metido en mi alimentación manzana. Que por cierto, está buenísima. 
  En las últimas vueltas, tengo que controlar mucho en las bajadas, por que llevo los cuádripces bastante tensos y no quiero que me den tirones o calambres. Desde hace algunas vueltas, hay corredores estirando con calambres. Aquí la deshidratacion está siendo importante. También hay algúnos tirados en el suelo, atendidos por los sanitarios. 
  Y ahora si, al paso por meta, la pantalla me dice que llevo 12 de 13. Voy a por la última vuelta. 
  Todavía hay mucha gente en el bunker. Muchos han comenzado a salir de la mina, sobre todo los de la media maratón, pero son muchos los que siguen disfrutando de este "paisaje" tan excepcional. 
  Pues nada, según voy por el recorrido, me voy diciendo :" La última vez que la subo. La última vez que la bajo. El último tramo polvoriento. El último avituallamiento". Todo para hacer más llevadera esta última vuelta en la que los isquios y los cuádripces me han avisado varias veces. 
  Ehhhh, sujeta que al final la lías. Y así dejo atrás la última subida. He cumplido un objetivo que me marqué allá por la vuelta 8. Hacer todo el maratón corriendo y no andar en ninguna subida. Las últimas me han costado por que me tiraba mucho de los isquios, llegando a amargarme en varias ocasiones, pero ya estoy en la recta de meta con ese objetivo cumplido.





  Veo el crono a lo lejos. Pone 4 horas 16 minutos. Saco el móvil y grabo mi entrada. Quiero recordarla toda mi vida. Aunque no se me va a ir de la cabeza nunca, siempre la tendré grabada para verla. 
   La bandera de España sale en la pantalla. 13 de 13. Maratón conseguido. 4 horas y 16 minutos de flipada. Estoy super contento. He disfrutado cada zancada, cada brazada, cada repecho y cada bajada. 






  Buahhh, que experiencia. Me cuelgan la medallita. Lo digo en diminutivo por que es muy pequeña, ja ja ja. Pido a unas señoras que me hagan una foto. Por señas, claro y por supuesto acceden a hacérmela. La medalla ya está en mi poder y cuelga de mi pescuezo. 


  Miro la pantalla para ver las entradas de los demás, y mientras bebo un poco se agua y Cola, espero a mi compi. No tiene se tardar mucho ya en entrar. Y pasados 5 miuntillos, pasa por meta. 
  Celebración por todo lo alto. El Kristallmaraton ha sido conquistado. Y te lo querías perder, ja ja ja. 

  Abrazos y felicitaciones por que este nos le hemos currado. Ha sido duro de patas y de cabeza. Pero ya llevamos unos pocos maratones cada uno y tenemos la cabeza dominada. 
  Mi 168 ha caído. Cheve lleva también más de 100 maratones. Vaya cifras, jajaja. 
  Pues nada, después de hidratarnos y hacernos otras pocas fotos, nos ponemos en la cola que hay para hacer un grupo y poder salir de la mina. Allí nos tachan de la lista indicando que vamos a salir. Control del personal ante todo. 
  Está vez tenemos que andar un rato hasta los camiones por que la galería está ocupada por unos locos que están corriendo 
  Pegaditos a la pared, nos dirigimos al final de la galería. Mientras animamos a los que siguen corriendo. A nosotris también nos han animado los que se fueron cuando aún estábamos corriendo. 
  Llegamos a los camionetos y salimos derrapando de allí. Joder que velocidades llevan aquí abajo. Tampoco deben tener límite de velocidad, ja ja ja. 
  De nuevo a la zona cerrada por las dos puertas y de ahí, al ascensor. En la subida, también se nota bastante la velocidad. Sobre todo al frenar. 
  Ya estamos fuera. Vemos la luz del sol. Respiramos aire puro y hablamos con nuestras respectivas para decirlas que todo bien. Una llamada rápida que nos vamos directos a Frankfurt y necesitamos el móvil para poner el Google maps. 
 Tenemos dos horas de viaje donde las piernas se van agarrotando. No es lo más recomendable después de un maratón, pero no queda otra. 
  Cheve le saca todo el jugo al Yaris. Le van a salir los pistones por el capó, ja ja ja. 
Aprovecha para darle zapatilla ahora que de puede. Lástima no haber cogido un coche grande, dice. 

  

  Pues nada, echamos gasolina, dejamos el coche y con casi una hora de margen llegamos a la zona de embarque. 
  Todo controlado al milímetro. Ahora podemos relajarnos y contarnos todos los detalles. 
  Hablar con las familias un rato y embarcar en el avión para emprender el viaje de regreso. 
  Menudo viaje nos hemos sacado de la manga. Ha sido una aventura increíble desde el minuto uno. 
  Solo puedo recomendaros esta experiencia. Vais a alucinar. 
  Me he enrollado un poco, pero esta historia lo merecía. Solo me queda dar las gracias, primero a Cheve por la organización al segundo, del viaje. Ha estado genial o super genial, mejor dicho. Y segundo a todos vosotros por los ánimos y felicitaciones. 
  Un abrazo. 
Seguiremos buscando retos de este calibre
 Abrazos 

  Capi




















    Capi